La última cena de la Transformación Digital

Si de algo está sobrado el mundo es de profetas. Lo estaba en la época de Jesucristo y lo está ahora en la época de la Transformación Digital. Solo que en la época actual, con las profecías corriendo a la velocidad de la fibra óptica y el 4G, nos queda poco tiempo para asimilar el mensaje. Y damos por bueno que transformarse digitalmente es ponerle un par de redes sociales a tu empresa, montar un ecommerce y decir a los cuatro vientos que te has vuelto digital. A lo que ayudan no pocos gurús que han renombrado el antiguo becerro de oro del Social Media. Claro que aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

Por eso me gusta de vez en cuando acudir a fuentes originales, angloparlantes, donde todavía se esfuerzan por explicar en posts largos, razonados y con visión de big picture en qué consiste la sociedad digital. Y uno de ellos es Smart Insights, donde he tenido la fortuna de toparme con un magnífico dodecaedro de la Transformación Digital. 12 leyes, como 12 apóstoles, para que si tenemos que elegir un profeta, al menos sea de los que tienen afán de perdurar en el tiempo. Quizá su legado no durará 2.000 años (y contando) pero al menos su inspiración es más poderosa.

1. Simón Pedro del liderazgo. Del nuevo estilo de liderazgo. Si tu empresa sigue estancada en el esquema jefe-supervisores-ejecutivos senior-ejecutivos junior, olvídate. No eres digital por más arrobas que te pongas. El liderazgo digital es líquido, intercambiable, fomenta la creación, convierte el tiempo de trabajo en creatividad y el tiempo libre en propuestas para la empresa. El liderazgo digital es hacer que el empleado se sienta partícipe de la misión y los valores de la empresa, y que proyecte su trabajo para la obtención de nuevo negocio. Permeabilidad, permisividad responsable, debate constante, y asunción de las instrucciones como rectores de la eficacia y no como órdenes derivadas del grado, la jerarquía o la experiencia. Sin Simón Pedro de liderazgo, tu empresa NO se transforma.

2. Santiago el conquistador. Las empresas llevan años digitalizándose, pero eso no implica que se hayan transformado. Si en tu empresa el “techie” sigue siendo el “freak”, el técnico, el operario, si no está en los procesos de negocio y de toma de decisiones, si no está potenciado para influir en la ejecución de procesos, en la cadena de distribución o en la elección de mensajes y canales, tu empresa no está en la línea adecuada de las transformación. No es cuántos cables y cacharros compres, es cuánta de esa tecnología esté en las manos adecuadas para que se conviertan en una herramienta de negocio.

3. Andrés el cultural. Quizá piensas que Pokemon Go es una fiebre pasajera, que Facebook es una inmensa pérdida de tiempo, que quienes en tu empresa lucen iPhones o Galaxys último modelo solo van de postureo. Y quizá tengas razón. Pero harías mejor en interesarte por los intríngulis de la caza de bichos, en aplaudir las ocurrencias en el océano de Zuckerberg o en pedir detalles de los gadgets que tu gente se puede permitir. Sin cambio de cultura no hay transformación que valga. Y las generaciones que van después de la tuya puede que sean más rápidas, irreflexivas y superficiales, pero también son más intuitivas, más conectadas y más multitarea. Si tu empresa es de cultura antigua, no se está transformando.

4. Juan el contable. Si quitas un 20% de Ventas para dárselo a Tecnología, pinchazo. Si lo quitas de Marketing, también. O de Logística. No se trata de los recursos finitos de tu empresa y de su distribución en compartimentos estanco. Se trata de destinar esos recursos para que todos los departamentos de tu empresa participen en las optimizaciones derivadas de la tecnología y de la reestructuración de tu compañía. Porque gracias a que es eso, optimización y reestructuración, lo que tendrás será una disminución de costes y un aumento de las inversiones. Dale una vuelta: el Excel de tu empresa no te garantiza transformarte, te garantiza que las cuentas cuadren aunque sea a martillazos.

5. Felipe de Batsaida procesal. Después de todos los esfuerzos que has hecho en el diseño de un producto, en formar a tu equipo comercial, en asegurarte una imagen coherente del mismo y en aceptar de tus “socialmedias” que pagases a unos “influensers” para contar sus virtudes, resulta que el mercado no lo acepta y te comes las existencias. Vaya mala pata. Ya. Pero permíteme: ¿has dotado de herramientas a tu equipo para que tomen nota real de por qué el mercado rechaza (o acoge con entusiasmo) el producto? ¿Has escuchado a quien te ha puesto sobre el aviso de un riesgo reputacional? ¿Has cruzado datos? ¿Has generado inteligencia a partir de la respuesta del mercado? Si tu respuesta es no, aunque tengas el último iMac, lo siento de veras, no te estás transformando digitalmente.

6. Bartolomé de la analítica. Ligado al punto anterior, ¿tienes a gente lo suficientemente preparada como para interpretar los datos? No se trata de que te proporcionen dashboards con lo que está pasando, sino que tengan capacidad para recomendar acciones y para que les tengas en cuenta. Ojo, que no hay peor directivo que el que solo quiere oír lo bien que le va a la empresa. Tampoco hay peor ejecutivo que el que encuentra problemas y no propone soluciones. Necesitas a gente que tenga capacidad de interpretar, de proponer y, lo más importante, de hacerlo sin que eso le suponga estar en la rampa de salida de la empresa. La sociedad digital te da más datos que nunca. Aprovéchalos.

7. Tomás el personalizador. Si eres capaz de adaptar tu oferta a las necesidades específicas de cada cliente, serás capaz con el tiempo de estar presente en el mercado con un enfoque global. Si por el contrario pretendes ir con unas cuantas recetas precocinadas, probablemente no encuentres más eco que tu propia voz. Si me dijeras que escuchar al cliente es difícil, aún te entendería. ¿Pero hoy? ¿Con lo fácil que hoy? ¿En la sociedad di-gi-tal? Quien no escucha es porque no quiere, y porque en el fondo no se quiere transformar.

8. Santiago el movilizado. Ah, que tienes una página web. Muy bien, aplausos, ya estás preparado para competir… en el año 2000. ¿Entiendes ahora lo que te decía Andrés el cultural? ¿Utilizas tu smartphone para comprar, para moverte, para informarte, para hablar con tu gente? Entonces, ¿cómo esperas vender a un cliente que es mobile el 70% de su tiempo?

9. Judas Tadeo de la nube. Una empresa vale lo que valen hoy sus datos. Y tus datos, en ese armario de servidores con doble llave de cuádruple vuelta, no valen nada. Un ciberataque acaba con ellos en un abrir y cerrar de ojos. Pero no es solo eso: es que cualquiera de tus empleados, colaboradores, socios, proveedores… o clientes, pueda acceder a la información que requiere en tiempo real, sin encontrarse con un mantenimiento técnico a deshora (la sociedad es 24/7), un candado por no ser horas de oficina o un permiso no concedido a un equipo. Las empresas BYOD incrementan sus riesgos (en apariencia, el riesgo es para todos), pero también sus ventas.

10. Simón el de IOT. A estas alturas ya deberías saber que el mayor riesgo de apuntarse a una “moda tecnológica” es que al final sea pasajera. Las pérdidas de no subirse al tren apropiado son mucho más dolorosas que la falta de beneficios por haber confiado en algo que no acabó de cuajar. Pues el Internet de las Cosas (IoT por sus siglas en inglés) es más de lo mismo. Y es muy difícil encontrar a conocedores de la materia que lo consideren una moda pasajera. Más bien lo contrario: ha llegado para quedarse.

11. Judas de la interfaz de usuario. Sea cual sea tu negocio, sus ventanas al mundo y sus pasillos internos deben ser hipersimplificados. Nada justifica que para realizar una compra o para completar una operación corporativa la experiencia con el software sea penosa. Si necesitas una interfaz compleja, es que quizá no sabes lo que vendes. Transformarse es también “adelgazar”, convertir lo complicado en simple. La vida de por sí ya es bastante complicada como para ponérselo difícil a los que hacen que tu firma sea un vector de negocio.

12. Matías de la simplificación. Porque simplificar va más allá de la experiencia de usuario. Pregúntate: ¿qué le interesa a tu cliente, que le abrumes con las características técnicas de tu producto, o que le muestres para qué le va a servir SU adquisición? ¿Texto o vídeo -y en este caso nosotros somos los primeros en pecar y en no predicar con el ejemplo-? ¿Le aporta algo tu logotipo, el naming del producto, lo artificioso que parezca? No: un cliente te elegirá porque el consumo LE parece inmediato, fácil y de aspecto real, tangible, equiparable a SU experiencia diaria. Tiene que ser más fácil que conducir, y mira que conducir es fácil.

Hasta aquí estos 12 apóstoles de libre inspiración a partir del post de Smart Insights. Siéntate con ellos a la mesa y procura que ninguno te traicione. O un día de estos… será realmente tu última cena (empresarial, claro).

 

Imagen: freeimages.

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  1. […] señalado en alguna ocasión por aquí, la Transformación Digital no solo está relacionada con una total transformación de las relaciones laborales, sino que se nutre de ella y la impulsa al mismo […]

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